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En este capítulo, Laozi plantea tres principios sumamente importantes para conducirse en la vida y relacionarse con los demás.
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El capítulo XXII del Dao De Jing profundiza la dialéctica expuesta en el capítulo II, evolucionando de la transformación de contradicciones a la dinámica de inversión cualitativa.
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Las armas son objetos de mal augurio, repudiados por el pueblo. Por ello, los seguidores del Dao se abstienen de emplearlas.
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En el Dao De Jing, Laozi menciona en múltiples ocasiones que los gobernantes deben practicar el gobierno de “no acción” (wu wei o gobierno de no intervención compulsiva). Él promueve fervientemente esta idea política, abogando porque todo siga el curso natural y se adapte a la esencia de las cosas.
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En el arte de vivir con sabiduría, cuando nuestras acciones se alinean en sintonía con el ritmo natural del Dao, adquirimos la capacidad de actuar con precisión sin dejar rastros de interferencia.
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En este capítulo, Laozi expone nuevamente dos pares de fenómenos contradictorios: ligereza y peso, movimiento y quietud, afirmando que en cada contradicción existe un aspecto fundamental.
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Este capítulo desentraña la ontología del Dao y Laozi plantea las cuatro grandes entidades: “Dao”, “cielo”, “tierra” y “hombre”.