Escapó el monje Tang de la trampa de hielo del Río-que-llega-hasta-el-cielo y cómo logró atravesarlo a lomos de una tortuga blanca.
Bajie y el Bonzo Sha se las arreglaron para recobrar el equipaje.
El monstruo había regresado a su palacio de agua en el corazón mismo del río, donde tomó asiento y permaneció en actitud taciturna.
Los peregrinos reanudaron su rutinaria vida de caminantes, andando de día, descansando de noche, bebiendo cuando los asaltaba la sed, y comiendo cuando caían presa del hambre.
El Monje Tang gana el concurso de meditación con la ayuda del Rey Mono.
En cuanto el rey vio la influencia que el Rey Mono tenía sobre los vientos y lluvia, plasmó, sin dudarlo, el sello imperial sobre el permiso de viaje.