Locos de contento, se dirigieron Wukong, Bajie y Bonzo Sha hacia el palacio.
A pesar de lo avanzado de su enfermedad, a la mañana siguiente el rey volvió a presentarse en la corte.
Tripitaka y sus discípulos prosiguieron su camino, libres como el vuelo de las aves.
Tripitaka y sus tres discípulos de nuevo se lanzaron a la aventura del camino, felices de poder abandonar finalmente el Pequeño Paraíso Occidental.
Sun Wukong se elevó por los aires y no descendió de su nube, hasta que no vio al monstruo y a sus seguidores cerrar las puertas de su palacio.
Sun Wukong y las estrellas montaron a toda prisa en sus nubes y se elevaron hacia lo alto.
Tras escapar a la amenaza de los abrojos y las espinas y al enmarañamiento de los espíritus de los árboles, continuaron su camino en dirección al Oeste.