En el capítulo anterior, Laozi mencionó que el Dao es invisible y que nuestros sentidos comunes no pueden percibirlo. Para ayudar a las personas a comprenderlo, en este capítulo continúa describiendo el Dao. A lo largo de la historia, cultivar el Dao se ha considerado sutil, misterioso e inescrutable. Sus características pueden describirse de…
El apego al yo, término budista que designa la obsesión subjetiva por un ego ilusorio.
El capítulo XI del Dao De Jing revela la dialéctica entre ser y no-ser: La interdependencia dialéctica entre ser y no-ser engendra la existencia. El no-ser determina las modalidades del ser: su estructura existencial y patrones de manifestación.
Desde el primer capítulo del Dao De Jing, Laozi establece la inefabilidad del Dao: “El Dao que puede ser nombrado no es el Dao eterno”. Para facilitar su comprensión, en el capítulo VIII recurre a la metáfora del agua, cuya conducta virtuosa encarna el paradigma del cultivador daoísta.
El Dao se asemeja a un valle primordial: nutre toda existencia sin discriminación. Opera sin fatiga ni interrupción, revelando una dinámica sutil que fluye con persistencia cósmica.
El capítulo V del Dao De Jing encarna el pensamiento de Laozi sobre el funcionamiento del Dao, la armonía cósmica entre cielo y humanidad, y la igualdad esencial de todos los fenómenos.