Los peregrinos reanudaron su rutinaria vida de caminantes, andando de día, descansando de noche, bebiendo cuando los asaltaba la sed, y comiendo cuando caían presa del hambre.
El Monje Tang gana el concurso de meditación con la ayuda del Rey Mono.
En cuanto el rey vio la influencia que el Rey Mono tenía sobre los vientos y lluvia, plasmó, sin dudarlo, el sello imperial sobre el permiso de viaje.
Por la mañana temprano, el monje Tang vistió la túnica de los bordados, mientras Wukong preparaba el documento de viaje, Wujing echaba mano del cuenco para pedir limosnas y Wuneng cogía su bastón.
Un joven taoísta se puso a gritar como un loco, al tiempo que golpeaba sin parar la puerta de los aposentos de sus maestros.
Wukong, Bajie y Bonzo Sha descendieron de la nube y dirigirse al interior del Templo de los Tres Puros.
Exclamó el Rey Mono: “¡Eso lo explica todo! ¿Por qué no os habéis escapado y asunto concluido?”