El Rey Momo montó en su nube y se dirigió hacia el Palacio del Aura Rojiza.
El Rey Mono se vio obligado a huir con las manos vacías y el sabor de la derrota en el corazón.
Cuando, por fin, regresó Wukong al punto de la montaña en que había dejado al monje Tang y a los demás, se encontró con que no había nadie; todos se habían ido.
El monje Tang se mostraba cada vez más impaciente por la tardanza del Rey Mono.
Escapó el monje Tang de la trampa de hielo del Río-que-llega-hasta-el-cielo y cómo logró atravesarlo a lomos de una tortuga blanca.
Bajie y Bonzo Sha abrieron un sendero en las aguas y se dirigieron directamente a la Mansión de la Tortuga Marina para liberar a su maestro.
Bajie y el Bonzo Sha se las arreglaron para recobrar el equipaje.
El monstruo había regresado a su palacio de agua en el corazón mismo del río, donde tomó asiento y permaneció en actitud taciturna.