En cuanto se hubo hecho con la cuerda de oro, el Rey Mono abandonó la caverna de un salto.
Se arrancó otros dos pelos, que al punto se convirtieron en las dos diablesas de antes que encargadas de llevar la silla sedán.
Los dos diablillos se pelearon por tener la calabaza en sus manos y analizarla a sus anchas.
En cuanto se hubo deshecho del Rey Mono, el monstruo montó en un viento huracanado y no tardó en dar caza al monje Tang.
Tras haber liberado a la princesa del Reino de Elefante Sagrado y recibir todos los honores de su agradecido padre, caminaron sin parar durante días enteros, alimentándose cuando el hambre y la sed los atacaban, viajando de día y descansando cuando el sol se ponía.
Wukong y Bajie llegaron juntos a la Caverna de la Corriente Lunar.
En mitad de la noche, Bajie montó en una nube y regresó a la casa de postas.