Tratando de tranquilizarle, el Rey Mono dijo: “No os preocupéis, maestro. Wu Jing y yo iremos a coger agua capaz de devolveros la salud y volveremos lo antes posible. “
En un enfrentamiento reciente, el demonio búfalo utilizó su banda para despojar de nuevo a todos los dioses de sus armas.
Reflexionó el Rey Mono: “Lo difícil no es poner en evidencia a ese demonio, sino hacer frente al poder de esa banda.”
El Rey Momo montó en su nube y se dirigió hacia el Palacio del Aura Rojiza.
El Rey Mono se vio obligado a huir con las manos vacías y el sabor de la derrota en el corazón.
Cuando, por fin, regresó Wukong al punto de la montaña en que había dejado al monje Tang y a los demás, se encontró con que no había nadie; todos se habían ido.
El monje Tang se mostraba cada vez más impaciente por la tardanza del Rey Mono.
Escapó el monje Tang de la trampa de hielo del Río-que-llega-hasta-el-cielo y cómo logró atravesarlo a lomos de una tortuga blanca.