“¿Qué remedio vais a recetarle, ahora que habéis diagnosticado certeramente su enfermedad?” preguntó el médico imperial.
Sun Wukong cogió un poco de polvo y lo tiró hacia arriba, al tiempo que recitaba un conjuro mágico relacionado con el ocultamiento del cuerpo.
Tripitaka y sus discípulos prosiguieron su camino, libres como el vuelo de las aves.
Tripitaka y sus tres discípulos de nuevo se lanzaron a la aventura del camino, felices de poder abandonar finalmente el Pequeño Paraíso Occidental.
Sun Wukong se elevó por los aires y no descendió de su nube, hasta que no vio al monstruo y a sus seguidores cerrar las puertas de su palacio.
Sun Wukong logró salvar la vida gracias al formidable salto que le llevó directamente hasta el Noveno Cielo.
Sun Wukong y las estrellas montaron a toda prisa en sus nubes y se elevaron hacia lo alto.