Viendo que el Maestro no regresaba en mucho tiempo, Wukong saltó a lo alto de un árbol para ver desde lejos.
Tras despedirse del soberano del Reino Morado, Tripitaka continuó el viaje hacia el oeste, montado en su caballo.
No tardó en llegar a la puerta delantera. En cuanto la hubo traspuesto, recuperó la forma que le era habitual y levantó la voz y dijo en tono autoritario: “¡Competidor del Señor de los Dioses, deja inmediatamente en libertad a la Sabiduría de Oro!”
“¿Contaste el número de caballos y hombres que han puesto en pie de guerra?” preguntó el monstruo.
Tras elevarse hacia lo alto, no tardó en descubrir una montaña que se elevaba por encima de las masas más altas de nubes. En seguida Sun Wukong descendió sobre su cumbre y echó una mirada curiosa a su alrededor.
Sun Wukong hizo levantar inmediatamente al rey y preguntó: “¿Ha regresado otra vez ese monstruo después de secuestrar al Palacio de la Sabiduría de Oro?”
Locos de contento, se dirigieron Wukong, Bajie y Bonzo Sha hacia el palacio.
A pesar de lo avanzado de su enfermedad, a la mañana siguiente el rey volvió a presentarse en la corte.