Dao De Jing – Capítulo 27

En el arte de vivir con sabiduría, cuando nuestras acciones se alinean en sintonía con el ritmo natural del Dao, adquirimos la capacidad de actuar con precisión sin dejar rastros de interferencia.

Un buen caminante no deja huellas.
Un buen orador no se equivoca ni ofende.
Un buen contable no necesita útiles de cálculo.
Un buen cerrajero no usa barrotes ni cerrojos,
y nadie puede abrir lo que ha cerrado.
Quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos,
y nadie puede desatar lo que ha atado.
Así, el sabio que siempre ayuda a los hombres,
no los rechaza.
El sabio que siempre conserva las cosas,
no las abandona.
De él se dice que está deslumbrado por la luz.
Por esto, el hombre bueno no se considera maestro
de los hombres;
y el hombre que no es bueno estima como buenas las
cosas de los hombres.
No amar el magisterio ni la materia de los hombres,
y aparentar ignorancia, siendo iluminado,
éste es el secreto de toda maravilla.

El sabio percibe el valor intrínseco en todas las manifestaciones existenciales:

  • Seres virtuosos y no virtuosos;
  • Recursos valiosos y aparentemente insignificantes.

“El Sabio siempre salva a las personas, por eso no hay seres descartables; siempre salva las cosas, por eso no hay objetos inútiles.”

Optimizar el potencial humano y material mediante:

  • Discernimiento no dual: trascender categorías de “bueno/malo”
  • Reconocimiento de funciones complementarias: como el yin-yang en mutua transformación.
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