Tras escapar a la amenaza de los abrojos y las espinas y al enmarañamiento de los espíritus de los árboles, continuaron su camino en dirección al Oeste.
En agradecimiento por haber acabado con los monstruos y haber recobrado las reliquias budistas, el rey del Reino del Sacrificio quiso entregar a Tripitaka y a sus compañeros una gran cantidad de oro y jade, que ellos rechazaron cortésmente.
Tripitaka y el Bonzo Sha esperaban impacientes el regreso de Wukong, ora sentados junto al camino, ora dando vueltas como animales enjaulados.
El Rey Mono hizo todo lo posible por escapar de aquella potentísima corriente de aire, pero ni siquiera consiguió rozar el suelo.