Remontándose de un salto por encima del cielo, no tardó en llegar Sun Wukong a la Montaña de la Nube Morada. No le costó mucho trabajo descubrir la Caverna de las Mil Flores.
Con una rapidez pasmosa el Rey Mono se sacó de la oreja la barra de los extremos de oro, la sacudió ligeramente y al punto adquirió el grosor de un cuenco de arroz.
Sun Wukong volvió a colocar al monje Tang en el camino que conducía al Oeste, acompañado por Bajie y el Bonzo Sha.
Después de hacer un signo mágico con las manos y de recitar el correspondiente conjuro, el Rey Mono sacudió ligeramente el cuerpo y al instante se convirtió en un halcón hambriento.
Viendo que el Maestro no regresaba en mucho tiempo, Wukong saltó a lo alto de un árbol para ver desde lejos.
Tras despedirse del soberano del Reino Morado, Tripitaka continuó el viaje hacia el oeste, montado en su caballo.
No tardó en llegar a la puerta delantera. En cuanto la hubo traspuesto, recuperó la forma que le era habitual y levantó la voz y dijo en tono autoritario: “¡Competidor del Señor de los Dioses, deja inmediatamente en libertad a la Sabiduría de Oro!”
“¿Contaste el número de caballos y hombres que han puesto en pie de guerra?” preguntó el monstruo.