Al ver lo ocurrido, Tripitaka se volvió hacia Wukong y le regañó, diciendo:
Después de derrotar al demonio,se dirigió a la ladera oriental de la montaña. Antes de llegar a ella, empezó a oír con claridad los gritos y los lamentos del monje Tang. Zhu Bajie y Bonzo Sha dividiendo el equipaje en dos partes iguales.
El demonio dejó de hablar y de respirar. Pensando que había muerto.
Elevándose por encima de las nubes, Wukong se dirigió hacia el lugar donde había dejado al monje Tang.
Sun Wukong se adentró valientemente en el interior de la caverna. A medida que avanzaba iba descubriendo montones cada vez más numerosos de esqueletos, que hacían pensar en auténticos bosques de huesos.
Les arrancó las placas con los nombres. Recogió el badajo de madera y las campanas. Cogió a continuación el estandarte y se lo cargó a la espalda.
El Rey Mono se convirtió en un diablillo, empezó a correr tras él, haciendo sonar los mismos trozos de madera y musitando exactamente las mismas palabras.
Tripitaka y sus discípulos prosiguieron su camino hacia el Oeste. Pronto tocó a su fin el verano y comenzó a sentirse la presencia del otoño. Un aire fresco hacía temblar a veces los cuerpos.