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En la última batalla, el Rey Dragón fue engañado y asesinado. Pero Wukong y Bajie no creyeron oportuno correr tras los restos.
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Al ver la facilidad con la que Bajie caía en las garras del monstruo, el Rey Mono no pudo por menos de pensar:
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A la mañana siguiente, temprano, el monje Tang y sus dos discípulos llevaron al rey los dos duendes capturados.