Sun Wukong y las estrellas montaron a toda prisa en sus nubes y se elevaron hacia lo alto.
Tras escapar a la amenaza de los abrojos y las espinas y al enmarañamiento de los espíritus de los árboles, continuaron su camino en dirección al Oeste.
No tardó en llegar, el Rey Toro, a lomos de una nube, a la Caverna de Plátano en la Montaña de la Nube de Jade.
El Rey Mono hizo todo lo posible por escapar de aquella potentísima corriente de aire, pero ni siquiera consiguió rozar el suelo.
En un enfrentamiento reciente, el demonio búfalo utilizó su banda para despojar de nuevo a todos los dioses de sus armas.
Hablábamos de cómo el Rey Mono, fue conducido por los guardias celestes a los barracones de ejecutar monstruos, donde fue atado a una columna que se usaba precisamente para torturarlos.