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En la última batalla, el Rey Dragón fue engañado y asesinado. Pero Wukong y Bajie no creyeron oportuno correr tras los restos.
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Al ver la facilidad con la que Bajie caía en las garras del monstruo, el Rey Mono no pudo por menos de pensar:
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A la mañana siguiente, temprano, el monje Tang y sus dos discípulos llevaron al rey los dos duendes capturados.
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Dijo Tripitaka: “Cuando salí de Chang An, prometí en el Salón de las Puertas de la Ley que no pasaría por un templo sin quemar un poco de incienso, ni por un monasterio sin presentar mis respetos a Buda, ni por una pagoda sin barrer su atrio o los incontables escalones de su torre.”