El Rey le preguntó al falso monje Tang, intrigado: “¿Cómo es que, cuando llegasteis esta mañana teníais un rostro tan hermoso y ahora parecéis una persona totalmente distinta?”
Después de hacer cuanto estaba de su mano para liberar al monje Tang, consiguió la ayuda de Tathagata y, de esa forma, Sun Wukong logró finalmente derrotar a los demonios.