El segundo demonio regresó a la caverna temblando de pies a cabeza. Antes de llegar, sus hermanos estaban ya al tanto de que había sido capturado y de que se lo habían llevado, tirando sin ninguna consideración de la trompa.
Cogiendo la barra de hierro, Wukong se abrió camino a golpes. A Bajie no le quedó más remedio que seguirle como pudo.
Sun Wukong se adentró valientemente en el interior de la caverna. A medida que avanzaba iba descubriendo montones cada vez más numerosos de esqueletos, que hacían pensar en auténticos bosques de huesos.