Tripitaka y el Bonzo Sha esperaban impacientes el regreso de Wukong, ora sentados junto al camino, ora dando vueltas como animales enjaulados.
No tardó en llegar, el Rey Toro, a lomos de una nube, a la Caverna de Plátano en la Montaña de la Nube de Jade.
Wukong se da cuenta de que le han engañado, pero no se desanima.
El Rey Mono hizo todo lo posible por escapar de aquella potentísima corriente de aire, pero ni siquiera consiguió rozar el suelo.
El tiempo pasó a la velocidad de una flecha y las estaciones se sucedieron unas a otras con la rapidez con que se mueve la rueca de un tejedor.