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Todo el pueblo se dirigió hacia el Templo del Poder Milagroso, llevando al Rey Mono, a Bajie y un gran número de ovejas y otros animales.
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Los peregrinos reanudaron su rutinaria vida de caminantes, andando de día, descansando de noche, bebiendo cuando los asaltaba la sed, y comiendo cuando caían presa del hambre.