Chinese mythology, folktales, and literature
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Cuando más voraces parecían las llamas, se oyó una voz en lo alto, que decía: “¡Aquí me tienes, Sun Wukong!”
No tardó en llegar a la puerta delantera. En cuanto la hubo traspuesto, recuperó la forma que le era habitual y levantó la voz y dijo en tono autoritario: “¡Competidor del Señor de los Dioses, deja inmediatamente en libertad a la Sabiduría de Oro!”