No tardó en llegar a la puerta delantera. En cuanto la hubo traspuesto, recuperó la forma que le era habitual y levantó la voz y dijo en tono autoritario: “¡Competidor del Señor de los Dioses, deja inmediatamente en libertad a la Sabiduría de Oro!”
Tripitaka y el Bonzo Sha esperaban impacientes el regreso de Wukong, ora sentados junto al camino, ora dando vueltas como animales enjaulados.