Chinese mythology, folktales, and literature
Cuando más voraces parecían las llamas, se oyó una voz en lo alto, que decía: “¡Aquí me tienes, Sun Wukong!”
Los dos Wukongs se dirigieron hacia el Paraíso Occidental, luchando como si fueran encarnizados enemigos.
Tras abandonar los límites del Océano Oriental y viajar sin detenerse durante un día y una noche, Bonzo Sha logró avistar, por fin, la Montaña Potalaka.
Locos de contento, Bajie y Bonzo Sha continuaron el camino de vuelta.
Sun Wukong se elevó hacia lo alto con el corazón abatido y el espíritu sumido en la tristeza.
Sun Wukong y sus dos compañeros partieron en persecución del tornado a lomos de una nube.
Apenas hubo llegado el monstruo a su morada, acudieron a darle la bienvenida los diferentes diablillos.
Tras ordenar a los devas que cuidaran del Palacio de Rocas y a la Dragona de la Felicidad Celeste que cerrara las puertas, la Bodhisattva montó en una nube y se alejó a toda prisa del pico Potalaka.