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El Rey le preguntó al falso monje Tang, intrigado: “¿Cómo es que, cuando llegasteis esta mañana teníais un rostro tan hermoso y ahora parecéis una persona totalmente distinta?”
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Temblando de pies a cabeza, Tripitaka se abrazó, desesperado, a Wukong y le suplicó, diciendo:
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Monje Tang estaba tan aterrorizado con lo que acababa de oír, que los huesos se le ablandaron.
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Poco a poco, Wukong empezó a servirse de la mente para cuestionar la razón y se dijo:
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Al final de la tercera vigilia se oyó comentar al demonio de mayor edad:
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Los tres demonios, los cuales, unidos por un mismo propósito, se enfrentaron al Rey Mono y a sus dos hermanos ante las murallas orientales de la ciudad.
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El segundo demonio regresó a la caverna temblando de pies a cabeza. Antes de llegar, sus hermanos estaban ya al tanto de que había sido capturado y de que se lo habían llevado, tirando sin ninguna consideración de la trompa.
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Cogiendo la barra de hierro, Wukong se abrió camino a golpes. A Bajie no le quedó más remedio que seguirle como pudo.